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No busques fuera de tí mismo

¿Cuántas personas siguen pensando que encontrarán algún día la solución perfecta a todos sus problemas? El remedio milagroso, el método perfecto, el interruptor mágico, la nueva terapia tan efectiva, la técnica oriental maestra, etc… Todo proyecciones de una parte de nuestra mente que trata de evitar por todos los medios que busques en el único lugar que pueden haber respuestas, dentro de tí mismo.

Todas las personas tenemos una parte de nuestra mente que funciona con proyecciones, calculando posibilidades en el futuro y previniendo los peligros comparando la información del momento presente con experiencias pasadas en nuestro cerebro. Esa parte de nosotros nos dice de forma mecánica y repetitiva que “tenemos que hacer algo” porque “hay algo que necesitamos”. Analicemos esto por un segundo, pues los resultados de no hacerlo son una cascada de errores caóticos sin sentido ni propósito que no dejan ver que el parámetro inicial que causa tal desorden es muy simple. Digamos que cada uno de nosotros posee una versión de los hechos, una interpretación subjetiva y única que le atribuye explicación a lo que experimentamos. Que seamos capaces de atribuir explicación no significa que la explicación que aceptemos como válida sea correcta. De hecho, una interpretación, en sí misma, ya es algo que se aleja de la verdad, pues la verdad no necesita explicarse sino que simplemente Es. Podríamos deducir entonces que todo aquello que necesita explicación no es verdad y justo por eso necesita una explicación. Aquellas personas que dedican mucho tiempo a explicar a los demás sus “problemas”, son justo aquellas que tienen más “problemas”, pues según esta línea de razonamiento, estarían tratando de explicar lo inexplicable, dar por verdad una mentira y atribuirle realidad a su interpretación ilusoria. En sí mismo, esta es una campaña que no puede llegar a buen término por la incongruencia de los medios y el propósito. Ahora bien, ¿de donde proviene el apego que tenemos a las interpretaciones propias? ¿Por qué no asumir de antemano la mecánica de esa parte de nuestra mente y aprender a convivir con ella sin que condicione nuestras decisiones? Si por defecto la mente nos dice que “hay algo que necesitamos” es porque creemos que “hay algo que no tenemos”. Y si esta creencia está detrás es porque nos sentimos carentes de algo. Podríamos continuar tirando de ese hilo y llegaríamos a ese profundo anhelo que siente el ser humano con respecto a todo.

Es bien sabido, que vivir con ese vacío no es un hecho que tenemos que aceptar como parte intrínseca de nosotros, sino que es una elección. Elección que en la mayoría de los casos es completamente inconsciente e involuntaria. Ahora bien, ¿qué pasaría si no acepto la interpretación que hace mi mente de algo y no caigo en la trampa de dar por hecho que hay algo que necesito? ¿Qué pasaría si aquí y ahora, todo está bien? Puede que este camino nos lleve a mejor puerto pues de antemano aceptamos que la necesidad y la carencia es una elección que hace una parte de mi mente y no un hecho que condiciona mi voluntad. Todo lo que percibimos como problemas tiene su origen en aceptar que sabemos lo que necesitamos y elegir las soluciones que, por definición, serán erróneas. No puede ser que toda la potencialidad del ser humano se encuentre atascada por este hecho tan simple… O sí? No es fácil darse cuenta de las tremendas implicaciones que tiene no saber decir “reconozco que no se lo que necesito”, y aceptarlo primero como una idea, luego como norma del pensamiento para finalmente ser un hábito. Cuando aceptamos esta premisa, en apariencia amenazante incluso insultante para la “inteligencia humana”, estamos reconociendo el hecho de que creer saber lo que uno necesita sienta mal, independientemente de la necesidad, y por ende, que tiene que haber otra manera que desconocemos. Un Curso de Milagros lo explica con maestría:descarga (26)

“No busques fuera de ti mismo. Pues será en vano y llorarás cada vez que un ídolo se desmorone. (Al decir ídolo ser refiere a la interpretación de esa parte de la mente). El Cielo no se puede encontrar donde no está, ni es posible hallar paz en ningún otro lugar excepto en él. (…) No busques fuera de tí mismo. Pues todo tu dolor procede simplemente de buscar en vano lo que deseas, y de insistir que sabes dónde encontrarlo. ¿Y qué pasaría si no estuviese allí? ¿Preferirías tener razón a ser feliz? Alégrate de que se te diga dónde reside la felicidad, y no la sigas buscando por más tiempo en ningún otro lugar, pues buscarás en vano. Mas se te ha concedido conocer la verdad, y saber que no la debes buscar fuera de ti mismo.”

Tiene sentido entonces renunciar a la primera interpretación que hace tu mente cuando percibe que la raíz del problema es externa a ella. Tal vez sea por eso que creamos que la solución debe estar fuera de nosotros mismos y la busquemos desesperadamente en gurús de la sanación o cualquier otro tipo de ídolo. Por mi experiencia en consulta, debo decir que ni uno solo de los clientes que he tratado, tiene una interpretación correcta del origen de su síntoma, lo cual le da todo el sentido al síntoma, pues la biología te avisa de que estás buscando soluciones erróneas a problemas que en verdad son la solución.

Por tanto, no creerse a si mismo debe ser una actitud mental. Quizá esto pueda parecer un suicidio mental al principio, pero cuando se obtienen los resultados de una introspección silenciosa y se descubre que la raíz del “problema” es otra muy diferente de la que se percibía, invade una tremenda sensación de paz ligada a la comprensión mental de un hecho que sucede en niveles de la conciencia imperceptibles para la razón. El camino hacia tal verdad podemos empezarlo con la escucha atenta de las sensaciones y emociones más descarga-40profundas. La verdad aflora sola sin necesidad de explicación alguna.

Para entender que esa parte de la mente que percibe en carencia y necesidad es la misma en todos los seres humanos, debemos simplemente, no identificarnos con ella. Esto se consigue observando con ecuanimidad. Cuando uno descubre que esa mecánica es la misma en todos, empieza a ver en los demás con relativa facilidad el origen de sus conflictos y, que la incapacidad de reconocer la propia ignorancia es una simple cuestión de apego a su interpretación subjetiva. En otra palabras, querer tener razón en lugar de permitirse dudar para terminar sanando. Un Curso de Milagros continua:

“No hay nadie que venga aquí que no abrigue alguna esperanza, alguna ilusión persistente o algún sueño de que hay algo fuera de sí mismo que le puede brindar paz y felicidad. Si todo se encuentra en él, esto no puede ser verdad. Y así, al venir a este mundo, niega su propia verdad y se dedica a buscar algo que sea más que lo que lo es todo, como si una parte de ese todo estuviese separada y se encontrase donde el resto no está. (…) Y así, vaga sin rumbo, creyendo ser lo que no es, en busca de algo que no puede encontrar.

Esta persistente ilusión le impulsará a buscar miles de ídolos, y más allá de éstos, mil más. Y todos le fallarán, excepto uno: pues morirá y no se dará cuenta de que el ídolo que buscaba era su muerte. (…)

Sacrificarse es renunciar a algo, y, consecuentemente, estar privado de ello y haber sufrido una pérdida. No busques fuera de ti mismo. Esa búsqueda implica que te falta plenitud interna y que temes contemplar tu ruina, por lo que prefieres buscar lo que eres fuera de ti mismo.”

Esta idea de renunciar a la interpretación de la mente puede confundirse con la idea de sacrificio que expone UCDM. En principio, puede parecer que renunciar a “mi versión” de los hechos es renunciar a la razón, a lo que yo percibo, a lo que es verdad para mí,…¿y no es esto sacrificio? Tiene lógica para un sistema de pensamiento que incluye como base la idea de que hay algo que puedes ganar o algo que puedes perder. Sin embargo, renunciar a las creencias en ídolos no puede ser sacrificio porque no se pierde nada. ¿Cómo iba yo a poder perder algo que no existe? Aunque nosotros sintamos la pérdida cuando se nos pide que dejemos ir una creencia, en realidad, no perdemos absolutamente nada. Una creencia, un ídolo, una imagen, etc… son solo proyecciones que ocurren primero en mi mente y luego parecen reales y externas a mi en virtud de mi petición. Al renunciar a la creencia abrimos paso a todas las posibilidades, y si son todas las posibilidades es que no falta nada. Por tanto, se vive como que se pierde algo muy útil que nos ha servido hasta ahora a cambio de algo que no sabemos si nos servirá, y lo que sucede es que dejamos ir lo que no es nada para recordar a través de un estado, que ya lo tenemos todo. Todo lo que necesitas para ser feliz lo tienes aquí y ahora. Esa búsqueda será apasionante, pues en ese camino si encontrarás grandes respuestas y verás verdaderos resultados. Lo mejor de todo, es que no necesitarás explicarlo ni nadie te lo podrá explicar. Tan sólo puedes vivirlo y darlo al mundo, pues dar es la prueba de que se tiene.

“Todos los ídolos de este mundo fueron concebidos para impedirte conocer la verdad que se encuentra en tu interior y para que le fueses leal al sueño de que para ser íntegro y feliz tienes que encontrar lo que se necesita fuera de ti mismo. Es inútil rendirle culto a los ídolos y esperar hallar paz. (…)

Para cambiar todo esto, y abrir un camino de esperanza y liberación (…), necesitas tan sólo aceptar que no sabes cual es el propósito del mundo. Le adjudicas objetivos que no tiene, y de esta forma, decides cuál es su propósito. Procuras ver en él un lugar de ídolos que se encuentran fuera de ti, capaces de completar lo que está adentro dividiendo lo que eres entre lo que está fuera y lo que está adentro. Tú eliges los sueños que tienes, pues son la representación de tus deseos, aunque se perciben como si viniesen de afuera. Tus ídolos hacen lo que tú quieres, y tienen el poder que les adjudicas. Y los persigues fútilmente en el sueño porque deseas adueñarte de su poder.descarga (27)

(…) Ahorra tiempo, hermano mío, aprendiendo para qué es el tiempo. Y haz que el final de los ídolos venga cuanto antes a un mundo entristecido y enfermo como consecuencia de los ídolos que se ven en él. Tu santa mente es el altar de Dios, y donde Él está no puede haber ídolos. El temor a Dios no es el miedo de perder tu realidad sino el miedo de perder tu ídolos. No obstante, has hecho de tu realidad un ídolo, y ahora lo tienes que proteger contra la luz de la verdad. Y todo el mundo ahora se convierte en el medio para poder salvar a ese ídolo. De esta manera, la salvación parece amenazar la vida y ofrecer la muerte.

Mas no es así. La salvación trata de probar que la muerte no existe y que lo único que existe es la vida. Sacrificar la muerte no supone pérdida alguna. Un ídolo no puede ocupar el lugar de Dios. Deja que Él te recuerde tu amor por ti, y no trates de ahogar Su Voz con los cantos de profunda desesperación que les ofreces a los ídolos de ti mismo. No busques esperanzas más allá de tu Padre. Pues la esperanza de la felicidad no es la desesperación.

Cuando decidimos que no tenemos las respuestas a las cosas que nos ocurren estamos más cerca de comprender por qué y para qué ocurren. Digamos que tenemos acceso a toda la información del universo según la teoría del holograma postulada por Denis Gabor en 1947. Lo que ocurre es que no podemos acceder a ella a través de un sistema de pensamiento que divide y fragmenta en busca de la totalidad. Buscar dentro requiere humildad y determinación y, sobre todo, sencillez, pues en esencia, el lenguaje de la naturaleza biológica y del universo físico, cumplen leyes sencillas. ¿Alguna vez te habías planteado los beneficios de no tener razón? ¿Has experimentado lo hermoso que es reconocer tu propia estupidez? ¿Comprendes el valor y la salud que roba apegarte a tus creencias? Quizá haya llegado el momento de permitirte dudar de ti mismo, de tambalear los cimientos de las creencias más profundas en beneficio de ti mismo.descarga-41

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Un amor que contrarresta a la negación

En muchas ocasiones, cuando tenemos un síntoma estamos escondiendo una parte de nosotros mismos. Es decir, hay algo que no nos permitimos expresar o experimentar. Vamos a utilizar la psicología de Carl Gustav Jung para darnos cuenta de qué es esto de un amor que contrarresta la negación. Primero, entendamos que este amor no podemos considerarlo como ese verdadero amor incondicional pero sí tomarlo como la puerta o el trampolín que nos lleva hasta él. Jung descubrió que la mente está dividida entre la personalidad (ego) y las sombras. Él definió al ego como un conjunto de creencias que rechaza todo aquello que no sirve a sus propios intereses. Todos los pensamientos, creencias, sentimientos, emociones y percepciones que son rechazados por el ego se convierten en sombra. De esta forma, las sombras se convierten en una información que impide la coherencia y el desarrollo de la biología ante la adaptación al medio. Nuestro inconsciente tiende a proyectar la sombra en nuestra realidad para que podamos integrarla y, sobre todo, experimentarla de una manera que no resulte conflictiva para la biología. Cuando nos encontramos en nuestra realidad algo que nos desagrada, generalmente lo juzgamos y lo “condenamos” porque lo percibimos desde el ego, es decir, como algo separado de nosotros que sucede completamente al margen de nuestras acciones. Es así como nuestra propia sombra manifestada en nuestra vida vuelve a ser rechazada y, por tanto, a dividir nuestra mente aún más. Al ser nuevamente sombra, el inconsciente vuelve a proyectarla en la “pantalla del mundo”. Es un bucle que tiene una solución muy sencilla. Jung nos decía que para liberar la sombra y dejar de estar sometidos a ella sólamente tenemos que permitir experimentarla con la mayor ecuanimidad posible.

Si nuestra mente está dividida, debemos identificar con claridad que nosotros seríamos la parte pensante del ego, la de la personalidad. Seríamos todo aquello que creemos de nosotros mismos, lo que creemos del mundo, de las personas de nuestro alrededor,etc… En verdad, esto nos da una identidad, que aunque es falsa, goza de la autonomía suficiente como para fomentar esa división mental o desconexión de uno mismo. Ahora bien, a un nivel inconsciente, tenemos una programación que se sustenta en todo aquello que sí somos pero que estamos reprimiendo ya que no se adapta a los intereses y creencias del ego. Estas sombras se van acumulando en el inconsciente, generando síntomas físicos o situaciones repetitivas que nos generan malestar. Jung nos decía que al experimentar la sombra soportamos la tensión entre los opuestos. A este proceso lo llamaba individuación, siendo como resultado una verdadera sensación de libertad, ya que al permitirnos ser lo que nunca seríamos desde el ego, acabamos con la necesidad de posicionarnos porque ya no pensamos en términos duales de bueno o malo, mejor o peor, correcto o incorrecto,… y así los juicios pertenecientes al ámbito del ego dejan de ser verdades absolutas en virtud de su propia naturaleza irreal. Aquí es donde actúa la plasticidad neuronal, dando el margen para cambiar que aporta la oportunidad de duda y el fin de la necesidad. Es decir, que ya no estamos sujetos a una creencia “fija e inamovible” ni sometidos a su opuesto, sino que ahora gozamos de la información que nos da la experiencia del opuesto y esto nos da verdadera capacidad de elección ya que no existen apegos. Por eso Jung decía que es a través de las sombras como llegamos a la verdadera libertad.

CGJung

“Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma” Carl G. Jung

Ahora bien, ¿por qué para muchas personas resulta tan complicado? Tomemos conciencia de que toda resistencia es una forma de apego. Por ejemplo, imaginemos una persona que ama el sol y detesta la lluvia. La lluvia sería su sombra. La creencia consciente sería que el sol es bueno y la lluvia no. Cuando quiera experimentar su sombra y salir a la calle un día de lluvia para permitirse sentir lo que nunca se permite, su capacidad de “entregarse a la lluvia” dependerá de lo flexible que sea con la creencia de que el sol es bueno. Si se permite dudar, es decir, si en lugar de afirmar “el sol es bueno”, dijera ¿el sol es bueno? sin esperar respuesta, automáticamente le costaría menos experimentar la lluvia. Por tanto, es el apego a la creencia consciente lo que crea resistencias para experimentar la sombra inconsciente. Esto sucede porque vivimos en un universo de opuestos, donde no existe el blanco sin el negro ni la muerte sin vida, y en la misma medida que nos apegamos a un “polo” creamos automáticamente el otro. Jung decía que “el camino a la iluminación no sucede con la búsqueda de luz, sino a través de las sombras”. A través de ellas encontramos el oro más puro del ser humano ya que nos liberamos de esa cárcel que nosotros mismos nos creamos apegándonos a las creencias del ego. En este proceso, comprendemos de una manera profunda, que nosotros no somos ni las creencias conscientes ni las sombras, sino que somos “algo mayor” que experimenta todo eso. Es cuando nos identificamos, cuando nos posicionamos y cuando “tenemos razón”, cuando realmente nos condenamos. Y así es también, como cuando nos permitimos dudar, cuando dejamos de ser nosotros haciendo lo que nunca hacemos, cuando nos escuchamos para comprender nuestros apegos, como nos liberamos. La fórmula entonces sería permitirse experimentar una creencia opuesta a la consciente sin identificarse ni con una ni con otra. Sencillamente ser una y la otra. Al tener la experiencia con ecuanimidad, aflora la información biológica que marcaba esta pauta en la mente, comprendiendo así el sentido y el propósito biológico de este ciclo en su raíz. La información puede tener su programante en una situación de la infancia, en una emoción no expresada de la madre durante el embarazo o tener su origen en el árbol transgeneracional (epigenética).

Como decía, este amor que contrarresta las resistencias no es un verdadero amor incondicional, pero sí nos sirve de puente para llegar a la información más profunda almacenada en el inconsciente y así alcanzar una percepción que trasciende la dualidad y a un estado de puro amor incondicional donde no hay ni un ápice de lucha interna ya que, después de experimentar la sombra, no queda ni un ápice de necesidad o de resistencia en la mente. Tan sólo queda un remanente de paz que viene dado por la comprensión profunda de una parte de nosotros mismos, facilitando un estado de conciencia que se permita identificar con la propia experiencia y no con el juicio que hace el ego sobre la experiencia.

Existe una pregunta que una vez formulada en la mente, deja en evidencia la incapacidad del ego para responderla. Esta pregunta es ¿quién soy? La mente consciente no puede responderla porque ni ella misma sabe qué es ni cómo opera. Tiene sentido entonces la ilusoria realidad del ego, pues si no rechazara lo que no entiende, su existencia sería conscientemente ilusoria y llena de sinsentido. Por deducción, si queremos descubrir quiénes somos en realidad debemos apelar a algo externo a la propia mente. Esto se consigue experimentando la sombra y logrando no identificarse con ningún pensamiento que sea dual. Como puedes ver, no se trata de negar la dualidad ni de ignorar los juicios de la mente pensante, más bien de trascenderlos. Una vez logrado, ya sí podemos hablar de un verdadero amor incondicional, pues aceptamos con gratitud que por naturaleza somos aquello capaz de experimentarlo todo redefiniéndose a su paso con cada experiencia que la vida te pone delante. Somos la conciencia que ha venido al mundo a experimentar, a guardar y resolver información, a crecer con el conocimiento de quiénes somos y a transcender la dualidad desde la in-divi-dualidad.

Entonces, para llegar a esa percepción imparcial y ecuánime, debemos usar el trampolín de la sombra, es decir, usar un amor que contrarreste las resistencias. Es así como pasamos de creer lo que queremos creer de nosotros mismos a aceptar con gratitud lo que somos. Sería la grandiosidad del ego versus la grandeza de Ser. El amor incondicional no se define como un concepto romántico o una filosofía que podamos aprender y ejercer, no. El amor es un estado y su calidad depende de tu voluntad. Recuerda que aquello con lo que te identificas te someterá y que si no te identificas con nada, lo serás todo.

“Tener amor con libertad es como ser un rey o una reina. Eso es el auténtico reino de Dios, el amor con libertad. El amor te da las raíces en la tierra y la libertad te da las alas.” OSHO

Entrevista Radio “Las Águilas”

Aquí os dejo el enlace de la entrevista que me hicieron el pasado martes (24/5/2016) en Radio “Las Águilas”. En principio fue sobre la BNE pero charlamos sobre muchas temas que tocan la sensibilidad humana. Muchas gracias a Charly, Rafa, Lola y compañía por vuestro trabajo de difusión, vuestra entrega y vuestra generosidad. Un verdadero placer!!!

http://www.ivoox.com/bioneuroemocion-jandro-calzas-audios-mp3_rf_11650545_1.html

El miedo es una opción

Siempre se ha sabido que el miedo paraliza, pero ¿sabemos porqué y para qué sentimos miedo? A nivel mental, todos tenemos claro qué es el miedo y lo que se siente cuando se experimenta. Generalmente juzgamos la sensación física asociada al miedo como desagradable y, en consecuencia, tratamos de huir de ese estado que tanto nos paraliza. Tal vez, conviene recordar qué es el miedo en esencia, cómo opera esta emoción a nivel neuronal, cuáles son sus manifestaciones físicas y qué tipo de gestión hacemos ante la emoción de miedo.images (86).jpg

Cuando decimos “se me ha hecho un nudo en el estómago” pensamos que es una expresión y que lo decimos en un sentido metafórico, pero en realidad, es literal. Para nuestro inconsciente, tener miedo implica el inicio de una serie de procesos biológicos, entre ellos, se cierra la boca del estómago, pues si hay miedo hay peligro, y los procesos de digestión y asimilación de alimentos pueden esperar. Pero reflexionemos sobre el miedo en sí. La mayoría de los miedos que padecemos son fruto de una interpretación mental, un análisis del entorno en el que se localizan amenazas para la propia integridad. Cabe diferenciar estos miedos de los miedos más profundos que se relacionan con la propia supervivencia. Por ejemplo, no es lo mismo tener miedo cuando se está a una altura considerable y la vida está en riesgo, a tener miedo de no caer bien a determinadas personas. Uno es cuestión de supervivencia biológica, el otro es lo que se denomina un miedo o fobia social. En ambos casos las reacciones fisiológicas son iguales, pero es importante destacar que en el segundo caso, somos nosotros y nuestra propia proyección de lo que puede pasar lo que pone a la biología en alerta. Cuando sentimos miedo por alturas, o por una violencia o ataque a la integridad física, el inconsciente toma el mando automáticamente puesto que aquí la amenaza es real e inminente y nuestra biología no puede esperar a que racionalicemos toda la información para dar una respuesta. Es el caso por ejemplo, de un conductor que da un volantazo cuando se cruza alguien en la calzada. Él no decide girar el volante. Es el inconsciente el que anula el lóbulo frontal (pensamiento racional) y emplea una respuesta que nosotros llamamos instintiva. En este caso, el miedo es una herramienta útil, como lo son todas las emociones cuando se comprenden. De manera arcaica, el miedo nos ha ayudado a sobrevivir durante milenios de evolución. El miedo nos avisa de que existe un peligro para la propia supervivencia y que debemos huir. Este miedo es comprensible, sí, pero es irracional. Debemos ser conscientes de que “miedo” es solo una etiqueta que nosotros ponemos a un estado, y que en la mayoría de los casos, el miedo es provocado por una interpretación subjetiva de la realidad que nosotros mismos hacemos. Es como si fuésemos adictos a predecir todo lo peligroso en las situaciones que vivimos antes que observar todo lo amoroso que puede haber. Así es nuestro sistema de pensamiento. Filtra toda la información del momento presente, lo compara con hechos sucedidos y experiencias similares pasadas. En este proceso, el inconsciente se centra en las posibles amenazas y automáticamente, proyecta posibilidades en el futuro para prever o protegernos de esa amenaza. Todo este proceso es fruto de millones de años de evolución y debemos respetar y comprender que muchos de los miedos que padecemos tienen su sentido y propósito, y que son, en esencia, programas de supervivencia que se activan en base a la información del entorno que se percibe. No obstante, el ser humano tiene la capacidad de reprogramarse a sí mismo. Esto es lo que nos hace diferentes de los animales, la conciencia sobre nosotros mismos y el poder de cambiar la realidad subjetiva, es decir, la percepción, siempre a través del pensamiento. Tal vez, no lleguemos a reprogramar los miedos más profundos, como el miedo a morir o el miedo a no comer, pero hasta llegar a lo más profundo, sí hay muchos miedos que son asequibles para nosotros en el sentido de que se pueden cambiar con determinación y paciencia. Si lo que produce el miedo es una interpretación hostil de la realidad, entonces, por lógica, si cambiamos nuestra manera de pensar sobre el entorno cambiaremos nuestra percepción de éste y la reacción fisiológica no será tener miedo dado que la nueva interpretación que podemos hacer no evalúa los peligros sino las oportunidades. Es una batalla entre la motivación o el miedo, entre la certeza interior de paz o la inquietud de descontrol, entre reaccionar u observar, entre enemigos o maestros, entre hogar u hostilidad. Cuando no somos conscientes de nuestra observación, es fácil reafirmar que hay muchos motivos para tener miedo dado que es el propio estado de miedo el que interactúa con el entorno y crea más motivos, en apariencia externos, para tener miedo. Confundimos causa y efecto y esta confusión hace que perdamos nuestro poder de cambiar. Pero veámoslo así: la causa es un estado interior de peligro o amenaza (miedo), la consecuencia es una percepción basada en peligros y amenazas. Como reza UCDM “la imagen externa de una condición interna”. En este sentido, hay una raíz muy profunda en todos nosotros fruto de una interpretación errónea que se ha fortalecido durante siglos de educación castrante basada en la culpabilidad. Esta raíz que todos compartimos es el miedo a la separación, a estar solo y apartado del resto. Nuestros cinco sentidos perciben de forma separada, es decir, lo que toco es externo a mí, lo que veo está fuera de mí, lo que escucho proviene del exterior,… y nuestra conciencia no goza de la autoridad suficiente como para aceptar que todos esos estímulos externos son experimentados en el interior. Cuando digo que tal persona es simpática, la experiencia de simpatía está en mí. Cuando critico a alguien sucede exactamente lo mismo. Y lo que hace a este proceso magnánime es que en realidad solo encontramos aquello que buscamos. Es decir, experimento que una persona es simpática porque tengo la necesidad interna de sentir simpatía. Es aquí donde usamos eso que la psicología llama la proyección. Gran parte de la vida nos la pasamos reafirmando que hay muchas cosas de que protegernos en el mundo y lo que conseguimos realmente pensando así es crear todos los peligros necesarios que justifiquen y sean coherentes con ese estado interno. Como decía, esto es fruto de ese miedo a estar separado. En el catolicismo a esto se le llama el sueño de Adán y, ciertamente, es un sueño que perdura hasta nuestros días pues en ninguna parte de la biblia se dice que Adán haya despertado. La psicología parte de la idea de que es la personalidad (ego) la que necesita ciertos reajustes para vivir en la normalidad pero asume de antemano que estamos separados. Por eso, la verdadera causa de todo sufrimiento continúa por muchos “ajustes” que se le hagan a la personalidad, pues la personalidad es en sí misma, la raíz de toda separación y sufrimiento. La primera ley del budismo sustenta que “la vida es sufrimiento”, dado que toda proyección es fruto de un apego, de un deseo o un rechazo que se apoya en un juicio. El juicio, por naturaleza, fragmenta y divide, por eso es imposible comprender la totalidad usando el pensamiento racional. Esta es en esencia, la paradoja o la trampa mental que mantiene activo el miedo en nosotros. En verdad, no hay un motivo real para tener miedo, es el bucle mental de miedo a tener miedo lo que lo hace parecer tan real. Es el apego a la idea mental de que existe algo peligroso, la aceptación sin transigencias de la proyección que hacemos, la creencia en nuestro propio juicio, el énfasis que ponemos en convencernos de que lo que vemos es real y de que hay muchos motivos por los que decidir protegerse. Somos víctimas de nuestros juicios e interpretaciones sin darnos cuenta de que es este proceso el que crea una sociedad repleta de peligros potenciales.

¿Qué pasaría entonces si descubrimos que no existe la separación? Si la creencia en la separación produce ese estado de miedo, ¿qué pasaría si incluimos una manera de pensar y percibir holística? Según Krishnamurti, es aquí donde reside la sensación de seguridad, en amar al otro haciéndole sentir que el miedo es solo la elección de un pensamiento basado en separación, y que se puede elegir de nuevo en el instante presente prescindiendo de la memoria. En este proceso existen muchos grados o niveles de conciencia, donde los miedos más arcaicos están en los niveles más profundos de la mente. Por tanto, aquí tenemos dos cosas importantes sobre las que reflexionar y trabajar: una, el amor incondicional, que es la que nos hace trascender las falsas necesidades del yo, haciéndonos sentir seguros y libre de cualquier miedo, y dos, el acto de sentir compasión por el otro hace percibir la propia proyección, dejando al descubierto la ilusión de la amenaza. Esto nos lleva a experimentar una realidad unificada donde la separación sencillamente se desvanece porque se hace palpable y evidente que no puede ser real salvo en el mundo de las ilusiones. Incondicionalidad y experiencia. La primera es una decisión, la segunda hace que la mente racional comprenda, pues el cerebro se programa y aprende únicamente cuando experimenta. descarga ++.jpg

A un nivel biológico, el miedo hace que nos protejamos de los posibles peligros, pero seamos conscientes de que es nuestro pensamiento e interpretación del entorno lo que hace que nuestra biología perciba un peligro. Nuestro inconsciente no distingue entre algo real y algo que solo está en nuestro pensamiento. Cuando pensamos en términos de amenaza, estamos poniendo a toda nuestra biología en alerta, y lo más seguro es que en ese instante de nuestra vida, no esté pasando nada peligroso. Un buen ejemplo de esto, es cuando sentados en nuestro sofá de casa empezamos a pensar que el banco nos va a embargar la casa porque no tenemos suficiente dinero para pagar. En ese instante, estamos sentados, en nuestra casa, a salvo, pero nos convencemos de que hay un peligro. Nuestro inconsciente biológico empleará una respuesta a esta amenaza que, dependiendo de la persona, se vivirá como una amenaza a mi territorio o a mi supervivencia. Vivido muy intensamente y de forma repetida, esto puede desencadenar en una metástasis pulmonar, entendiendo este síntoma como una respuesta biológica con su sentido particular. Lo más importante de esta escena es que nos demos cuenta de que en realidad ¡no está pasando nada! ¡No hay una amenaza real! Pues tan solo estoy sentado en el sofá de mi casa.

Esto es poder. El ser humano tiene este poder intrínseco en su manera de pensar y actuar. Aceptarlo implica aprender el arte de vivir, siendo maestro de una realidad y no víctima o verdugo de ella. Como vemos, el miedo es el sustento de todo este proceso. A nivel neuronal, no pensamos igual cuando sentimos miedo. Nos metemos en un estrés mental generado por el ansia de necesitar una solución satisfactoria, y cuanto más buscamos esa solución más miedo sentimos, pues lo único que estamos consiguiendo es reforzar y hacer real que estamos en peligro. En términos físicos, lo que sucede es muy interesante. Desde Einstein, se sabe que el tiempo y el espacio son relativos. Con la mecánica cuántica, aprendemos que esa relatividad es producida en virtud de un observador, es decir, nosotros. El miedo es un estado de vibración bajo que al interactuar con la materia hace que el átomo se comprima. Esto nos hace percibir el miedo más real. El tiempo a su vez, pasa más despacio para nosotros, la materia se percibe más y más real, lo que retroalimenta nuestra sensación de miedo. Es el principio de entropía. Una retroalimentación infinita susceptible a nuestra intencionalidad.

Bien. Hay una manera muy simple de salir de estos bucles de miedo y separación. Primero de todo entender que creer es crear, y como ya hemos explicado, una interpretación de la realidad que se base en separación va a generar inevitablemente miedo. Mantener una mente atenta y no dar rienda suelta a pensamientos amenazantes es fundamental. El miedo se alimenta de tu idea de lo que es tener miedo. Es tu rechazo lo que lo hace mas fuerte y real, por tanto, abrirse a experimentar el miedo hace que desaparezca. Cuando uno se abre a escuchar la emoción comprende que las emociones en sí mismas son como los mensajeros. No contienen la información en sí, si no que son la respuesta a dicha información. Detrás del miedo está la verdadera causa de él y, con todo el amor del mundo, debo decirte querido lector, que tú eres la causa, en el sentido de la interpretación que haces en un nivel mental. Como bien dice UCDM, no podrás evitar las consecuencias de ese campo de batalla que tú mismo has creado, sin embargo, puedes renunciar a creer que el mundo es así de peligroso y encontrar ese espacio de seguridad dentro de ti que te permita reconocer los juicios que haces que te llevan al miedo. Para reconocer ese espacio necesitas a las personas. Ellas son la fiel imagen de tus proyecciones, el testigo de tus juicios. Perdonarlos y amarlos hace que se quite el velo de ilusión para que puedas reconocer la verdad en ti a través de ellos. Esto se consigue, como decía, abriéndose a la experiencia del miedo, pues el miedo no necesita ser comprendido, más bien solo necesita ser liberado. Cuando se libera, entonces y solo entonces, es cuando la mente comprende. Tal vez esto es lo que quieren decir los evangelios cuando dicen “abridle los brazos al mal”, es decir, a aquello que crees que es malo.

Tú no eres el miedo al igual que no eres la alegría. Tú solo eres el que experimenta miedo o alegría. Si llegas a ser consciente de esto hecho habrás acabado, aunque solo sea por un instante, con la separación. Pregúntate si no es esto lo que quieres para el mundo y sé el ejemplo consciente de que el miedo no es real, tan solo es una opción, una alternativa al bien que hay en nosotros.images (87).jpg

¿Error o pecado?

Muchas veces ocurren cosas que no son exactamente cómo nosotros hubiéramos deseado que fueran. El problema no es que suceda lo que uno desea o no desea, el verdadero problema es cómo interpretamos lo sucedido, bien culpándonos creyendo que nos hemos equivocado o bien aceptando que todo es como debe ser y que podemos aprender una lección importante si nos lo permitimos. Para esta segunda opción, necesitamos analizar qué sistema de pensamiento estamos usando y cuáles son las creencias que se esconden detrás de estas decisiones mentales. images (77)

Cuando nos sentimos culpables es por el simple hecho de que estamos emitiendo un juicio contra nosotros mismos. Esto lo hacemos culpando a otros o culpándonos a nosotros directamente. En cualquiera de los casos, la culpa está en nosotros. La tarea aquí es averiguar dónde está el juicio y porqué elijo juzgarme. Automáticamente aparecerá aquello que nosotros no queremos aceptar de nosotros mismos, lo cual te hace comprender porqué lo rechazabas. Usemos la honestidad para reconocer esto. No se necesita otra virtud salvo la humildad. Una vez analizada esa situación conflictiva, solo tenemos que dejar de creer en la culpa, y aceptar incondicionalmente que todo sucede por y para algo, y que el universo no se equivoca en esto. Seamos conscientes de esto: creer que yo me he equivocado o que algo “está mal” es juzgar como inapropiado algo en el universo y eso es completamente imposible. Sin embargo, al pasar por alto este sistema de pensamiento, nos aferramos a que algo está mal y, por tanto, hay algo que arreglar. Inconscientemente creemos en el pecado, una idea arraigada en nuestro inconsciente colectivo desde hace milenios, y el ego sabe, dentro de su demencia, que el pecado requiere de castigo y penitencia para ser resuelto y perdonado. Pero nada más lejos de la realidad porque estaremos partiendo de un lugar erróneo, y lo que sucede realmente es que hacemos real el pecado creyendo que requiere castigo. Todo ello portando la culpa por bandera. Si creemos que hay algo que arreglar solo hacemos real aquello que no puede si no ser perfecto, y estaremos pidiendo a gritos que se nos den más problemas dado que “arreglar” es nuestra voluntad. El universo, en este sentido, escucha y recoge esta información dándote exactamente aquello que estás pidiendo desde la intencionalidad.

Por otro lado, si aceptamos que todo en el universo es perfecto y armonioso, entenderemos que no puede existir el pecado, dado que tan solo es una interpretación del ego, que juzga por defecto. Si no existe el pecado, entonces ¿de dónde viene esa sensación de error? Obviamente, algo se nos ha pasado por alto si nos sentimos así, pero eso que ha ocurrido, nos ha ocurrido para que aprendamos algo necesario para nosotros. Es aquí dónde el error empieza a coger sentido, porque en verdad, no es que haya un error en el universo, tan solo es un error de percepción, y es aquí donde debemos cambiar. Nuestra manera de pensar determina nuestra percepción, por tanto, solo debemos cambiar nuestra manera de pensar corrigiendo así los errores de percepción posibles que nos causan esa sensación culpa.

Solo hay que saber mirarse con bondad y compasión, entendiendo que cada decisión que tomamos en cada instante es la mejor decisión que podemos tomar en base a la información que tenemos. En psicología, a esto se le llama la intención positiva. Y es una gran alivio encontrar cual es el valor que tratamos de conseguir haciendo lo que hacemos. Nuestra labor consiste en aprender nuevas maneras de llegar a esa intención positiva y, únicamente lo conseguiremos si corregimos ese error de percepción. Como decía, hay que dejar de creer en la culpa para lograrlo, dado que la culpa, por mucho que nos empeñemos en lo contrario, no es real.

Es uno mismo el que debe decidir si creer en el pecado con su castigo correspondiente o elegir percatarse del error con la lección que esconde esa situación. Si nos vemos inmersos en la culpa solo debemos perdonar, con la comprensión de que estamos perdidos en nuestra mente repleta de juicios, ideas, creencias, etc… Perdonar, perdonar y perdonar hasta que la mente se calme y así poder ver dónde está el error de percepción.descarga (27)

UCDM es clarificador en esto cuando dice:

“Es esencial que no se confunda el error con el pecado, ya que esta distinción es lo que hace que la salvación sea posible. Pues el error puede ser corregido, y lo torcido, enderezado. Pero el pecado de ser posible, sería irreversible. La creencia en el pecado está necesariamente basada en la firme convicción de que son las mentes, y no los cuerpos, las que atacan. Y así, la mente es culpable y lo será siempre (…) El pecado exige castigo del mismo modo que el error exige corrección, y la creencia de que el castigo es corrección es claramente una locura. 

El pecado no es un error, pues el pecado comporta una arrogancia que la idea del error no posee. Pecar supondría violar la realidad, y lograrlo. El pecado es la proclamación de que el ataque es real y de que la culpabilidad está justificada. Da por sentado que el Hijo de Dios es culpable, y que, por tanto, ha conseguido perder su inocencia (…) El pecado es la gran ilusión que subyace a toda la grandiosidad del ego. Pues debido a él, Dios Mismo cambia y se le priva de Su Plenitud”

Ser consientes del punto de partida de nuestras creencias y pensamientos, ciertamente nos salva. Y debemos tener en cuenta que tenemos una tendencia mental sustentada en la culpa y dominada por el ego. Esto no es ni malo ni bueno, solo nos hace ver que tenemos que tomar una decisión respecto a cómo queremos pensar y percibir. Sin esta decisión firmemente tomada, nuestros intentos serán futiles y caeremos una y otra vez en las tretas del ego. Es cuestión de voluntad y paciencia.

Y continua:

“El Hijo de Dios puede estar equivocado, engañarse a sí mismo e incluso usar el poder de su mente contra sí mismo. Pero no puede pecar. No puede hacer nada que en modo alguno altere su realidad, o que haga que realmente sea culpable (…)

Uno de los principales dogmas de la descabellada religión del ego es que el pecado no es un error sino la verdad, y que la inocencia es la que pretende engañarnos. La pureza se considera arrogancia, y la aceptación de nuestro ser como algo pecaminoso se percibe como santidad (…) ¿Esto es humildad? ¿O es más bien un intento de desgajar a la creación de la verdad, y de mantenerla aparte?

Puede ciertamente afirmarse que el ego edificó su mundo sobre el pecado. Únicamente en un mundo así podría ser todo a la inversa (…) Pues el pecado ha hecho que la creación, de ser una Idea de Dios, pase a ser un ideal del ego: un mundo que él rige, compuesto de cuerpos inconscientes y capaces de caer presa de la corrupción y decadencia más absolutas. Si esto es un error, la verdad puede deshacerlo fácilmente, pues todo error puede ser corregido sólo con que se le permita a la verdad juzgarlo. Pero si al error se le otorga el rango de verdad, ¿ante qué se podría llevar? (…) Es imposible tener fe en el pecado, pues el pecado es la falta de fe. Mas es posible tener fe en el hecho de que cualquier error puede ser corregido (…)

Quizá te sientas tentado de coincidir con el ego en que es mucho mejor ser pecador que estar equivocado. Mas piensa detenidamente antes de permitirte a ti mismo tomar esa decisión. No la tomes a la ligera, pues es la elección entre el Cielo y el infierno.”

En verdad, es así de simple. Lo único que se te pide para que seas más libre es que tomes una decisión. ¿Error o pecado?descarga (31)

UCDM: Razón y percepción

Un Curso de Milagros nos enseña lo que la psicología demuestra en términos científicos. El enfoque que da este libro es más metafísico, pero nos hace comprender lo mismo desde otro prisma. En el capítulo 21 nos habla de “razón y descarga (27)percepción” de una forma clarificadora que nos lleva a entender cómo podemos ser víctimas de nuestros juicios o creadores de nuestra realidad. Recordemos que la realidad que vivimos es el resultado de nuestro estado mental, dado que el cerebro no puede percibir nada que tú no creas que existe.

“La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es un resultado y no una causa. (…) 

La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo (…) Si contemplas desastres y catástrofes, es que has tratado de crucificarlo. Si ves santidad y esperanza, es que te has unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Estas son las únicas alternativas que tienes ante ti. Y lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. EL mundo que ves tan sólo te muestra cuánta dicha te has permitido ver en ti y aceptar como tuya. Y ese es su significado, el poder de dar dicha tiene entonces que encontrarse en ti.”

Es decir, que no vemos el mundo como es sino como somos. No se trata del famoso “ver para creer” sino de creer para ver. Y tiene mucha lógica si se piensa de esta manera. ¿Cómo es posible percibir algo que no creas que existe? Si eliges creer que el mundo es un lugar peligroso es inevitable que te sientas atacado constantemente y adoptes una posición de defensa, lo cual lleva inevitablemente a sentirse separado de todo. Pero es en el plano mental donde comienza la separación. UCDM nos recuerda la parte de la mente que nunca se ha olvidado que no existe nada externo a nosotros, lo que llama mente recta o mente de Dios. Y es cierto que cuando nos permitimos perdonar, reconociendo el juicio que hemos hecho sobre algo, dándole nuestra interpretación subjetiva, aparece el verdadero propósito de esa situación, y la herramienta que se usa para gozar de esa “visión” es la parte de la mente de Dios. Por tanto, solo tenemos que recordar y no buscar aprender nada nuevo. Esta parte de la mente es ancestral. Solo debemos desaprender para recordar y experimentar que el mundo solo se compone de aquello que proyectamos en él y que tenemos la capacidad de escuchar y ver la verdad en todas las cosas si nos permitimos ese estado de observación y ecuanimidad. Así es como aparece la elección. Cuando gozas de silencio mental, Dios habla a través de ti.

Y continua:

La canción olvidada

“No te olvides nunca de que el mundo que “ven” los ciegos tiene que ser imaginario, pues desconocen el verdadero aspecto del mundo. Tienen que inferir lo que se puede ver basándose en datos que son siempre indirectos y reformular sus deducciones según tropiezan y se caen debido a lo que no reconocieron, o bien pasar sin sufrir daño alguno a través de puertas abiertas que ellos creían cerradas. Y lo mismo ocurre contigo (…) No es necesario imaginar qué aspecto debe tener el mundo. Antes de que lo puedas reconocer como lo que es, tienes que verlo. Los juicios siempre te darán indicaciones falsas, pero la visión te muestra por donde ir. ¿Por qué tratar de adivinarlo?(…)

No hay que sufrir para aprender. Las lecciones benévolas se asimilan con júbilo y se recuerdan felizmente (…) Los ciegos se acostumbran a su mundo adaptándose a él. Creen saber cómo desenvolverse en él. Han aprendido a hacerlo, pero no a través de lecciones gozosas, sino a través de la dura necesidad impuesta por las limitaciones que no creían poder superar. Y como todavía lo siguen creyendo, tienen en gran estima a esas lecciones y se aferran a ellas porque no pueden ver. No entienden que son las lecciones en sí las que los mantienen ciegos. Eso no lo creen. Y así, conservan el mundo que aprendieron a “ver” en su imaginación, creyendo que solo pueden elegir entre eso o nada. Odian el mundo que aprendieron a conocer mediante el dolor. Y todo lo que creen que habita en él solo sirve para recordarles que están incompletos y que se les ha privado injustamente de algo (…) Presta atención, y mira a ver si te puedes acordar de lo que vamos a hablar ahora.

Escucha… tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una canción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las circunstancias en las que la oíste. No puedes acordarte de toda la canción, sino sólo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo (…)descarga (26)

He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios le canta a su Padre.”

Cierto es que este conocimiento es fundamental en la psicoterapia. En realidad no hay eso que llamamos paciente y especialista, mas bien, son dos personas que se unen para que Dios sane a través de ellos. Creer en la enfermedad es lo que la hace real. Si quieres ayudar a sanar a alguien no puedes tener un estado mental donde haya cabida para la enfermedad. De ser así, solo refuerzas aquello contra lo que luchas. La enfermedad solo es el resultado de una incoherencia en el plano mental/emocional, por tanto, solo hay que recordar esta parte de la mente de Dios para establecer coherencia y el síntoma desaparece dado que ya no hay error de percepción. Te invito a recordar esta dulce melodía en aras de la visión que cambiará el mundo.