¿Pseudociencia o ignorancia?

En este artículo vamos a exponer la batalla que existe desde hace algunos años sobre las mal llamadas terapias alternativas, la pseudociencia y los paradigmas de la medicina ortodoxa y heterodoxa. En los últimos años se ha hecho una gran campaña contra todo tipo de técnicas y métodos de sanación que se salen del pensamiento oficial que ofrece el sistema, ignorando las pruebas de otras prácticas que realmente funcionan. Los valores de la sociedad moderna respecto a la medicina y la sanación se han basado en los dogmas dictados por la industria farmacéutica y con el principal objetivo de aumentar la cotización de las acciones de las diferentes compañías que controlan el monopolio de los fármacos. Es un hecho que la ciencia ha avanzado a pasos agigantados y para bien de la salud de todos, pero también lo es que no se ha contado todo respecto acerca de las diferentes formas de sanar. En ese sentido, la información que llega al público siempre pasa por el sesgo de lo que interesa a las farmacéuticas y no se ha valorado como objetivo principal la salud y la sanación de las personas comunes. Hoy por hoy, existen centenares de enfermedades que la medicina ortodoxa, con toda su tecnología y medios, no son capaces de erradicar. Sin embargo, existen métodos de autosanación que ni se investigan ni se promocionan por sus bajos costes y porque comprometen las arcas de la bien establecida industria farmacológica. En este artículo, vamos a tratar de darte los datos objetivos para que tú mismo puedas tener un conocimiento claro al respecto y optar por la opción más adecuada para ti. En ningún caso se pretende descalificar ninguna doctrina, bien sea la medicina ortodoxa o bien sean métodos más holísticos que integran diferentes visiones. Se trata de complementar y no de competir ni criticar ya que, supuestamente, a todos nos interesa lo mismo. Cada ciencia sirve en mayor o menor medida dependiendo de lo que se pretenda lograr, y aquí vamos a tratar de clarificar algunos aspectos que, por un lado, nos expliquen porqué vivimos la enfermedad en la sociedad actual confiando ciegamente en médicos y fármacos y por otro, porqué han sido tan criticados otros métodos de sanación aún cuando está demostrada su eficacia. El debate es profundo y requiere de una reflexión interna que cuestione todo lo establecido. Sólo así podrás ver una verdad más profunda que existe en todos nosotros que, al descubrirse, logra influenciar de manera directa en el comportamiento metabólico del cuerpo, llegando incluso a sanar los síntomas o enfermedades orgánicas. Dependerá del criterio de cada uno la conclusión que se saque al final de este artículo. No obstante, trata de abrir tu mente y aceptar que el cuerpo humano está lleno de posibilidades que todavía nos son desconocidas. Empecemos por comprender de dónde viene lo que estamos viviendo hoy, cuándo y quién estableció las bases de la medicina moderna y en qué contexto y así podremos comprender mejor la situación actual.


Nacimiento de la medicina moderna
A finales del siglo XIX no existía la carrera de medicina como tal. Se estudiaban los contenidos enviados por correo de una forma autodidacta. Los que practicaban la profesión solían tener conocimientos sobre fitoterapia, botánica o nutrición. La Asociación Americana de Medicina (AMA) decidió que aquella libertad de conocimientos debía ser regulada y trató de homogeneizar la profesión regulando los contenidos específicos. En 1901, John D. Rockefeller creó el Instituto para la Investigación médica, inyectando grandes cantidades de dinero para encauzar la profesión de medicina enfocada principalmente a la farmacología, cosa que no estuvo clara hasta 1910, cuando Henry Pritchett, presidente de la fundación Carnegie, una organización filantrópica para el desarrollo y la investigación, junto con Abraham Flexner y Simon Flexner, este último director del Instituto fundado por Rockefeller, se reunieron con la AMA para aconsejar la dirección a seguir en cuanto a los contenidos y métodos de la profesión. La visión de Carneige era una medicina basada en la farmacología, y en las siguientes décadas se prohibió cualquier otro paradigma que enfocara la medicina y la sanación de otra manera que no fuera la basada en los fármacos. Todo por el supuesto bien de los pacientes, aseguraban que los fármacos erradicarían todo tipo de dolencias. Así se establecieron las bases de la medicina que practicamos actualmente. Una medicina que trata cuerpos con fármacos bajo los dictados de protocolos que sirven a los magnates de las farmacéuticas. Todo lo que fueron remedios naturales, esoterismo, conocimiento ancestral u otras formas de sanación, se catalogaron para la sociedad de timos y engaños, cosa que sigue sucediendo actualmente con esa torpe e ignorante etiqueta de “pseudociencia” que parece abarcar absolutamente todo lo que no entre en una medicina ortodoxa que tiene sus raíces, como ya hemos mencionado, en intereses económicos que nada entienden de la salud de las personas.
Tras la primera guerra mundial y hasta mediados del siglo XX, casi todos los países del mundo aceptaron gustosamente las ingentes donaciones de la fundación Rockefeller para el desarrollo y la investigación, sometiéndose en muchos casos a crear políticas que blindaran la dirección de las investigaciones y el avance de los nuevos descubrimientos. Si esto es progreso o es conocimiento sesgado, lo dejamos en manos de cada uno…


Herejes
Durante todo el siglo XX, y no sólo en el ámbito de la sanación, hubo muchos personajes que fueron silenciados por sus descubrimientos, sus trabajos fueron requisados y sus nombres borrados de la historia. Así, hoy día, pensamos que los únicos que han aportado avances son los científicos y lo que realmente ha sucedido es que no se conocen los trabajos de otros que lograron comprender la naturaleza de las enfermedades desde otras perspectivas teniendo grandes resultados. Dicho de otro modo. Lo que sabemos es lo que otros han querido que sepamos, y el debate al respecto siempre estará incompleto si no se estudian ni se conocen los trabajos de otros grandes médicos que fueron eliminados por salirse de la línea oficial. Es el caso del Dr. René Quinton, biólogo y naturista francés que llegó ser una eminencia con su método de plasma basada en el agua del mar. Si Pasteur nos dio una visión de cómo combatir los microrganismos, Rene Quinton nos dio una visión más integrativa comprendiendo la teoría de la evolución de Darwin. Su trabajo fue complejo y sus resultados demostrados en miles de personas, sin embargo, la historia lo borró de la conciencia colectiva y sus métodos pasaron a calificarse de pseudocientíficos.
Más recientemente, el Dr. Ryke Geerd Hamer, nacido en Alemania en 1935, se especializó en psiquiatría, pediatría, radiología y medicina interna, y estudió durante seis años la carrera de física. En 1978 sufrió la pérdida de su hijo que fue asesinado por un príncipe italiano, Alberto de Saboya, quién le disparó sin motivo aparente. Dirk Hamer, así se llamaba el hijo del doctor, murió seis meses después y el proceso judicial se vio truncado y nunca se pudo resolver con exactitud el crimen. El Dr. Hamer, se sumió en una profunda depresión y poco después se autodiagnosticó un cáncer de testículo y su mujer un cáncer de mama entre otros tumores. A partir de ese momento, investigó si podía haber relación entre el impacto emocional vivido con la pérdida de su hijo y las enfermedades que padecían su mujer y él. Efectivamente, descubrió que en las resonancias magnéticas se podían distinguir ciertas manchas en el cerebro de todos los pacientes que presentaban algún cáncer y que la posición en el cerebro correspondía, según las capas embrionarias, al órgano afectado en cuestión. Fue el primero en establecer la relación entre las situaciones que vivía una persona y el tipo de cáncer. De todo aquello, nació lo que él llamó la nueva medicina germánica que explicaba a través de las cinco leyes biológicas, que todas las enfermedades son programas de supervivencia biológica diseñadas para sobrevivir y no para matar. Esto plantó las bases de un nuevo paradigma médico con una visión más amplia sobre las causas reales de la enfermedad. El Dr. Hamer quiso exponer al mundo sus descubrimientos y fue fuertemente criticado, sin embargo, existe documentación suficiente que demuestran claramente que sus teorías eran reales. Pasó un tiempo en la cárcel y sus clínicas en toda Europa fueron cerradas llegando incluso a retirarle la licencia de médico. Existe una gran campaña contra él y en la actualidad es nombrado por académicos como un médico loco que inventó teorías dementes por el dolor de la pérdida de su familia. Muchos otros continuaron su trabajo incluyendo en su método la psicogenealogía (estudio del árbol genealógico) y conceptos básicos de mecánica cuántica, llegando a ampliar las posibilidades de sanación a través de la toma de conciencia y la gestión emocional. Claro que aquí nos metemos en un ámbito más íntimo y personal haciéndose difícil su comprobación científica. No obstante, para cualquier persona que haya sanado un cáncer o cualquier otra enfermedad tomando conciencia y estableciendo coherencia biológica en ese aspecto de su vida, no le cabe la menor duda de porqué ha sanado. La verdad, en ese sentido, la tiene la experiencia de cada uno. El Dr. Marañon o el psicólogo Enric Corbera, creadores de la BioNeuroEmoción o la Biodescodificación, cuentan con miles de sanaciones perfectamente demostradas y apoyadas en el sentido biológico del síntoma según las leyes del Dr. Hamer.
Otros, como el biólogo Bruce H. Lipton, demostraron como la enfermedad viene determinada por la respuesta que da una célula a un entorno determinado. De hecho, en su libro “La Biología de la creencia” del 2006, explica como la manera de pensar de cada uno es el entorno de la vida celular y que, lo que llamamos enfermedades tan sólo son el resultado de pensamientos de miedo, culpa o tristeza. Es por eso que nos invita a tener una mente libre de pensamientos nocivos para nuestra biología.
Hemos dado algunos ejemplos que muestran claramente como en el último siglo ha habido dos corrientes de pensamiento. Una, que protege el ámbito académico que busca únicamente una sanación con fármacos y otra, más holística, de personas que han tratado de ampliar el espectro de lo que son las enfermedades creando métodos más humanos donde queda claramente demostrado que el fin último es la salud y el bienestar de las personas y no los logros económicos. Aun así, como viene siendo la tónica en las últimas décadas, la verdad le corresponde a cada uno en su libre manera de pensar e interpretar la información. Sin querer convencer a nadie, En Frecuencia Gaia hemos visto miles de sanaciones en los últimos años a través de la toma de conciencia usando métodos de la nueva medicina germánica y comprendiendo el sentido del síntoma y podemos asegurar que el quiere se sana. Pero abogamos por encima de todo, el libre pensar de cada uno, cosa que parece salir cara cuando uno se cuestiona los paradigmas oficiales establecidos.
Veamos ahora porqué es tan importante pensar por uno mismo y tener el discernimiento necesario para no creer ciegamente en lo que unos u otros dicen acerca de la sanación. Para ello, debemos entender qué es esto de la percepción y su intrínseca relación con el pensamiento.


Pensamiento, percepción y proyección
Observa detenidamente esta imagen y tomate un tiempo para integrar lo que en ella se muestra, pues tu percepción del mundo depende de esta dinámica. La proyección da lugar a la percepción de los cinco sentidos, y debemos tener bien claro que nuestros ojos, nuestras manos, nuestros oídos no ven ni escuchan la realidad, sino que la procesan. Nuestro cerebro es un gran procesador de información, pero en verdad, no es fiel a la realidad externa, sino que la filtra por percepciones subjetivas ancladas en experiencias pasadas y nos da una visión de lo externo que se amolde a nuestras creencias y nuestra manera de pensar. El cerebro no puede percibir nada externo que no exista de manera convincente en el mundo interno. Dicho de otro modo, vemos lo que creemos que es real y lo que no existe en nuestra realidad mental o no existe en nuestra conciencia, sencillamente no se puede percibir. El cerebro en ese sentido, es selectivo y fragmenta la realidad de forma mecánica para que encaje con la realidad interna. Por eso se dice que no vemos el mundo como es sino como somos. Pongamos de ejemplo la vista. Todo lo que “vemos” ahí fuera se procesa en la corteza visual del cerebro situada en la parte posterior del cráneo. Las imágenes que vemos con luz y color se procesan en un lugar oscuro del cerebro. Sólo este hecho ya hace pensar… De la información que llega desde el nervio óptico a la corteza visual, tan sólo hay un 9% de información original, por así decirlo. El 91% restante son constructos mentales basados en ideas preconcebidas y juicios subjetivos. Además, el ojo percibe un rango relativamente pequeño dentro de las diferentes ondas de luz, lo que se llama espectro de luz visible. En otras palabras, el ojo humano tan sólo capta un 1% de toda la luz que existe alrededor de nosotros, siento la glándula pineal la encargada de procesar las frecuencias de luz más sutiles. Es por eso que se le ha llamado en el mundo esotérico el tercer ojo. Teniendo en cuenta estos datos, podemos afirmar que la percepción no es un hecho sino una elección que viene predeterminada por nuestras creencias y valores más profundos. De hecho, nuestra vista se centra en aquello que tiene coherencia con el pensamiento que estamos teniendo en ese momento y actúa como confirmación de aquello que se piensa. Se ha dicho siempre aquello de “ver para creer”, sin embargo, ahora podemos comprender que es justo al revés, creer para ver. Con el resto de sentidos pasa exactamente lo mismo, son interpretaciones de ondas traducidas a impulsos eléctricos por nuestro cerebro. Una idea simple en planteamiento, pero infinita en ejecución y aplicación. De hecho, nadie que no se cuestione su propia percepción podrá integrar nunca que el mundo que percibe aparentemente externo, es en realidad una proyección de sus deseos internos, y de quién se cuestiona su percepción, son muchos los que se pierden en falacias, autoengaños y percepciones ilusorias ya que, reconocer la verdad íntima de cada uno, compromete el sistema de creencias establecido y no todos están dispuestos a cambiar su modelo de pensamiento en aras de una verdad que les haría libre. No obstante, es necesario decir que es posible hacerlo y quién lo consigue, comienza a vivir una vida mucho más plena siendo consciente de que todo lo que ve en el mundo es una comunicación íntima entre su consciente y su inconsciente, lo que hace que desaparezcan la mayoría de los miedos y preocupaciones que tenían como causa cualquier cosa externa. No es tanto lo que se vive sino cómo se vive. Es ahí donde realmente reside nuestro libre albedrío. Así que, se sobreentiende que se necesita cierta madurez para integrar esta visión y grandes dosis de humildad y responsabilidad, valores que brillan por su ausencia en la sociedad actual. Y que los descubrimientos acerca de la percepción están ahí, esperando a ser experimentados en primera persona para corroborarlos. Todos, en mayor o en menor medida, hemos experimentado alguna situación que hemos resuelto cambiando nuestra percepción al respecto. Hemos visto como cambiando el punto de vista las opciones se multiplican. De hecho, es una cualidad natural en nuestro cerebro que la ciencia llama plasticidad neuronal y es un hecho simple que nos muestra como la percepción es una elección que tiene su origen en el pensamiento. Por tanto, si sanas tu mente, tu cuerpo, sencillamente te seguirá. Principios básicos que Hipócrates conocía y que la ciencia actual ignora por su aparente falta de pruebas. Si es cuestión de pruebas o es cuestión de arrogancia académica, lo dejamos a gusto de cada uno… Como decíamos en la introducción de este vídeo, el debate es profundo y lo que debe prevalecer sobre lo demás es la reflexión individual. Escepticismo y rigor sí, pero negación e ignorancia basada en falacias no, siendo indiferente el ámbito del que provengan. Actitud completamente necesaria si se quiere salir de la trampa de la percepción que es, en última instancia la que decide que tipo de vida vamos a tener y las respuestas biológicas que dará nuestro organismo. Bien salud, cuando hay pensamientos coherentes o enfermedad cuando la mente entra en incoherencia negando lo que se siente o lo que se interpreta erróneamente del entorno. Es fundamental que cada uno haga ese ejercicio de conciencia para comprender de lo que estamos hablando, pues sin la experiencia personal no hay verificación posible.

Resumamos las ideas principales a tener en cuenta acerca de la percepción. Nuestra mente dual juzga y fragmenta la realidad dejando apartado de nuestra conciencia aquellos pensamientos o creencias que negamos sencillamente porque no encajan con nuestro sistema de creencias. Todo lo que rechazamos de nosotros mismos, lo que Carl Jung llamaba las sombras, tiende a proyectarse en nuestra realidad en forma de deseos, situaciones o circunstancias que nosotros, en un principio, percibiremos como externas. Esta proyección vuelve a ser interpretada por la mente dual que, si la rechaza, volverá a proyectarse, pero si se integra asumiendo que uno mismo es el único que está interpretando esa situación, se descubrirá un sentido más profundo del porqué esa manera de pensar y porqué esa situación, haciendo que la realidad, aparentemente externa, tome un sentido exacto con la paz que ello conlleva. Por tanto, pensamiento, percepción y proyección funcionan dentro de cada uno de forma entrelazada haciendo que podamos movernos por los diferentes entornos que este mundo ofrece y creando situaciones coherentes que encajen con nuestros deseos expresados en nuestra mente dual en forma de pensamientos. Quien acepta esta manera de pensar, nunca más se siente víctima o verdugo de nada ni de nadie, pues ha comprendido que todo depende de la interpretación que uno haga. Tan sólo hay que hacerse consciente primero y responsabilizarse después. El cuerpo, según una infinidad de médicos y sanadores, no hace más que expresar las incoherencias en forma de enfermedad para que ésta, pueda establecer coherencia entre lo que se siente, se piensa y se hace. Por tanto, que la enfermedad es la solución y no el problema, empieza a ser más que evidente cuando se acepta esta dinámica de la mente.
Veamos ahora cómo tratar los síntomas físicos entendiéndolos desde una perspectiva más amplia en lugar de luchar contra ellos. Esta es la verdadera batalla de percepción: o integrar o luchar, y de esta sencilla e íntima decisión aparecen dos caminos muy bien diferenciados donde cada uno deberá posicionarse según le diga su propia razón.


Un enfoque más natural
La primera ley de la nueva medicina germánica del Dr. Hamer, nos habla de la relación entre psique, cerebro y órgano, lo que Hamer llamó la triada biológica. La medicina ortodoxa trata y estudia los cuerpos, es decir, la manifestación orgánica de algo, pero no busca las causas más allá de lo que comprende. Así, para determinar el tratamiento o la duración de cierta enfermedad, se basa en cálculos y estadísticas y en la pauta ensayo/error. Si tenemos en cuenta la primera ley de Hamer, deberíamos saber el factor psicológico y el entorno lo primero, no tanto qué sucede en el cuerpo sino qué vivió la persona y, sobre todo, cómo lo vivió a un nivel emocional, que es realmente como el cerebro inconsciente interpreta el mundo derivando en órdenes concretas al organismo a través del sistema endocrino. La enfermedad o, mejor dicho, el síntoma, solo es consecuencia de una situación en la que no hubo posibilidad de adaptación satisfactoria. Si pensamos en términos evolutivos, es fácil darse cuenta de que nuestra biología busca como prioridad la adaptación al medio y la supervivencia. Todo lo demás es secundario o se interpreta siempre bajo esta premisa. Pongamos de ejemplo una mujer que está preocupada porque no sabe si va a ser bien recibida por los padres de su novio. Para ella, esto puede ser importantísimo, pero su biología este hecho lo vivirá como un peligro de exclusión o pérdida de identidad en la manada, y recordará todas las experiencias pasadas que tuvieron relación con ser excluida o rechazada. Las emociones con las que se viva esta situación serán las mismas que se anclaron en las primeras situaciones en las que aprendió a integrarse. Si en su infancia vivió la separación de sus padres, o éstos se cambiaban de casa constantemente, si tenían miedo a los nuevos lugares o si lo vivieron con gratitud y aceptación, determinará la conducta y el comportamiento de esta persona. Por tanto, en este ejemplo, tenemos un entorno y una respuesta programada en la información adquirida, y donde ella percibe que lo importante es ser correcta y amable para caerle bien a sus suegros, en realidad, lo que importa de verdad es la relación que ella está teniendo consigo misma o, en otras palabras, lo que ella se conozca a sí misma. Hamer nos decía que, por todos estos condicionamientos inconscientes, estamos predeterminados a vivir ciertas situaciones con mayor o menor estrés y que cuando vivimos algo en soledad y de manera dramática, sin poder expresar las emociones, se produce un bioshock que tiene su relé en el cerebro y su reparación con un síntoma. El síntoma a su vez, tendrá el propósito de establecer coherencia a modo de solución. En el ejemplo que dábamos, quizá pueda manifestarse una ansiedad que evite enfrentarse a esa situación o una ciática para evitar “dar ese paso”, todo depende de cómo ella interprete esa situación. Por tanto, la tríada biológica nos da una visión más amplia de los síntomas pudiendo encontrar la situación conflictiva y la emoción no expresada con relativa facilidad si entendemos el sentido biológico del síntoma. Así la ansiedad nos avisa de una posible situación peligrosa para nosotros o la ciática impide tomar una dirección que, por lo que sea, es mala para nosotros. Cada parte de nuestro complejo cuerpo, evolucionó con un sentido y un propósito concreto y específico. Entendiendo el síntoma dentro de ese orden evolutivo, podemos comprender la función de ese órgano en concreto para así determinar el tipo de conflicto.
Su segunda ley describe precisamente las capas embrionarias de nuestro cerebro según las diferentes fases evolutivas. Esto le permitió a Hamer, hacer un mapa concreto de los relés cerebrales o, como él llamó, foco de Hamer, y así diagnosticar el tipo de conflicto que la persona estaba viviendo. Con técnicas de Programación Neurolingüística o de hipnosis, es sencillo hacer una nueva lectura emocional que permita al cerebro inconsciente dar una nueva y mejor respuesta biológica que no sea de enfermedad. Éste es el verdadero poder de la percepción, capaz de cambiar la realidad física como bien nos muestra la física cuántica.
Así pues, eso que llamamos enfermedad es multifactorial. Tiene componentes orgánicos, emocionales, psicológicos y de contexto. No es tan sencillo diagnosticar si vamos más allá del cuerpo y, sin embargo, es mas simple sanar de lo que parece si tenemos en cuenta todos los factores. Nuestro margen de maniobra está en la mente y en lo emocional, permitiéndonos cambiar creencias o liberar emociones. Nuestro control sobre el cuerpo se limita a observar las consecuencias de cómo nosotros vivimos y pensamos. La medicina ortodoxa hace justo lo contrario. Trata de controlar el metabolismo del cuerpo a través de los fármacos. Dos visiones muy diferentes que unos vemos como perfectamente complementarias y otros sólo pueden verlas enfrentadas. Decide tú qué tiene más sentido y no busques las respuestas fuera. O el cuerpo sólo expresa aquello que nosotros no gestionamos desde la coherencia o las enfermedades son una lotería que tienen su origen en lo externo.
Según la quinta ley del Dr. Hamer, todas las enfermedades son la consecuencia de programas de supervivencia biológica, es decir, que son la solución de adaptación a un entorno que, en el caso de los humanos, ese entorno es de una naturaleza mental ya que somos nosotros los que, al tener conciencia de nosotros mismos y gozar de la libre interpretación subjetiva, cosa que otros mamíferos no pueden hacer, nuestras creencias son la causa de la respuesta biológica y no tanto el entorno físico, aunque como decíamos antes, los factores son varios y no se debe simplificarlo todo sólo a uno, sino que hay que darle la importancia a cada uno de ellos que merece, ni más ni menos. Los seres humanos, hace tiempo que decidimos lo que es real y lo que no en base a creencias. No sabemos discernir entre una opinión y un hecho, cosa que con las nuevas generaciones basadas en un mundo digital, se agrava continuamente de forma alarmante. A nivel biológico esto es un disparate. Que la mente y su moral crean tener el poder de decidir qué es un peligro y que no, o que pautas de conducta son mejores, sin escuchar la inteligencia emocional que es quién realmente sabe interpretar los entornos, es sencillamente un suicidio que puede verse de manera pragmática en las rutinas de nuestra cultura. Cuando nosotros decidimos que debemos ser de una u otra forma, nuestra biología que no nos juzga, trata de establecer coherencia con nuestros deseos y crea un medio de adaptación en base a su información adquirida de miles de millones de años de evolución, y esa solución a nuestros deseos es lo que llamamos enfermedad. Si uno lo piensa se dará cuenta que el error está en decidir que la verdad es subjetiva y diferente para cada uno, y que tener un síntoma es señal de que lo que se pretende hacer real es, a todas luces, de naturaleza ilusoria. En la nueva medicina germánica y en otros métodos como la BioNeuroEmoción o la descodificación biológica, la sanación se produce cuando se toma conciencia de este error primigenio, y es en ese punto donde comprendemos conceptos de dogmas más espirituales como el perdón o la compasión como forma de autosanación. Visto así, la arrogancia, el orgullo y la reafirmación constante de las propias ideas, el percibir como enemigo al que piensa diferente, etc… son señales de enfermedad, dónde el autocuestionarse dudando de los propios principios, el redefinirse, el cambiar tanto creencias como entornos aprendiendo de los errores, es salud. No hay más, y el sentido común nos dice de manera empírica que es así pero que aún hay que comprender mucho sobre nuestra verdadera naturaleza y sus posibilidades.
Veamos un par de ejemplos de sanación a través de la toma de conciencia.
La sanación a través de la toma de conciencia
Pongamos de ejemplo una mujer de 25 años con un dolor de ciática. El nervio ciático se pinza a la altura de las lumbares provocando un fuerte dolor en la pierna. Es un síntoma relacionado con desvalorización regido por el mesodermo del cerebro. Cuando hablamos de desvalorización siempre hay creencias tipo “no merezco”, “no soy capaz”, “no soy bueno en esto”, “no quiero hacer daño a los demás”, etc… Personas que anteponen las necesidades de otros a las propias y cuando se priorizan lo hacen en conflicto. No es ni bueno ni malo, es una programación inconsciente. Le preguntamos a esta persona qué vivió un poco antes de que apareciera el dolor y nos cuenta que el día anterior su pareja le pidió matrimonio y ella, muy contenta dijo que sí. Aparentemente no hay conflicto. Ella se entusiasma al contarlo, sin embargo, el síntoma está ahí y nos apoyamos en que su sentido biológico, es decir, el para qué del síntoma, es no dar un paso en una dirección equivocada. Recordemos que, para el inconsciente, el simbolismo es igual que la realidad. En este caso, el matrimonio es un “paso simbólico”. Sin dudar de la palabra de nadie, buscamos en el inconsciente de la persona para conocer su realidad emocional, aquella que no expresa. Al revivir la situación aparece un miedo enorme al matrimonio, cosa que, al principio, ni la propia persona entiende. El miedo que parece abstracto y sin sentido, nos dice que hay un peligro en ese matrimonio. Al hacer la lectura del árbol genealógico comprobamos que dos y tres generaciones antes, algunas personas enviudaron jóvenes y ahí, en este punto, es donde la persona toma conciencia de su miedo y de su síntoma tomando todo un sentido milimétrico. Obviamente, la persona puede que enviude en este matrimonio o no, sin embargo, la programación inconsciente es la que es e interpreta una petición de boda como el entorno que a otras personas le generaron mucho dolor. ¿Cuál es el error aquí? En esencia, la decisión de casarse o no en base a creencias sin contar con la inteligencia emocional. A partir de esta toma de conciencia, la persona en cuestión podrá casarse o no, eso dependerá de ella, pero lo que sí sabrá es cómo debe hacerlo, qué debe cambiar tanto en lo interno como en lo externo, para poder compartir su vida con la persona que ama libre de síntomas y de memorias de otras personas. Obviamente, la ciática ya no tiene razón de ser y desaparecerá igual que apareció. Además, esta persona, también podrá entender porqué siempre sintió un miedo cada vez que se comprometía en una relación, acercándose más a su verdadera historia de vida, lo que le permitirá en un futuro tomar mejores decisiones y descubrir los nuevos recursos de adaptación que su nueva percepción le ofrece. Es un camino hermoso y todo comienza por una simple ciática y una humildad para reconocer los propios sentimientos.
El caso de un niño de 10 años que padecía otitis recurrentemente. Sabemos que la otitis tiene el sentido de taponar el oído para no escuchar. Analizando su entorno descubrimos constantes discusiones de los padres en casa. Para el niño, los padres son los únicos referentes y protectores en el mundo. Verlos discutir implica que hay desunión del clan y, por tanto, peligro de supervivencia para él. Por supuesto que el con 10 años no es consciente, tan sólo padece el miedo sobremanera sin entender el porqué. No escuchar es la solución que da su inconsciente para salir del conflicto que tanto estrés le causa porque en origen, las voces son la causa del peligro. Y así, con esa simpleza piensa la biología.


Puede que te estés preguntando si esto puede ser así o no. Algo dentro de ti de naturaleza intuitiva te dice que tiene sentido, pero aún así, la mente duda. Y es perfecto que así sea, pues la verdad aguarda a ser descubierta cuando la mente duda. No obstante, te insto a que preguntes a cualquier médico de paradigma ortodoxo, cuál es el origen de la enfermedad, y verás con asombro como no hay respuestas concretas. Dirán que depende del hábito alimentario, de las estadísticas o de la mala suerte, pero no pueden afirmar con certeza nada porque no lo saben. Y no es ni malo ni bueno pero, sería como si un arquitecto no sabe decirte porqué tienes goteras en tu casa o como un frutero que no sabe qué planta o árbol da cada fruta, o un mecánico que no sabe porqué no te anda el coche. Sin embargo, en el ámbito de la medicina, parece que está muy aceptado ir a ciegas creyendo que todo se sabe y, al igual que pasa con la economía, tratan de limitar la comprensión al ámbito académico, como si las personas comunes no pudieran entender por sí mismas lo que pasa en sus cuerpos o cosas tan simples como que el dinero, en realidad, no existe. Obvias verdades que suenan a completo disparate no porque no lo sean, sino porque la percepción al respecto se ha manipulado y tergiversado. Tú debes pensar por ti mismo pues la ignorancia es una lacra muy muy peligrosa en los tiempos que vivimos. Pseudociencia, según la R.A.E. es algo falsamente científico, pero, ¿cómo decir que es falso si se esconden las pruebas? ¿Cómo verificar científicamente en un laboratorio que te has perdonado a ti mismo? ¿Cómo confiar en quien define de pseudociencia métodos que funcionan cuando ellos mismos matan con fármacos y vacunas bajo la bandera de una ciencia segura y efectiva?
Te invitamos a que te preguntes por ti mismo y verifiques en tu propia experiencia tus respuestas porque es lo que nunca te enseñaron a hacer y, sin embargo, es lo que nos hace crecer y evolucionar sanos.
Piensa solo. Siente unido.

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